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La ilusión de elegir el mundo

La gente empezó a crear comunidades que tuvieran algo especial, un factor atractivo y diferenciador para poder atraer habitantes, y los gobiernos no tuvieron más remedio que volverse flexibles con las leyes, otorgando mucha autonomía a cada microestado.

Newropía presenta una Europa fragmentada en múltiples microestados donde cada comunidad ensaya su propio modelo de sociedad. A través de Elliot —criado en una simulación retro— y Verbena —formada en una comunidad ecofeminista—, la novela especula sobre las tensiones entre tecnología, política y ecología. En este escenario, la utopía deja de ser un horizonte común y se convierte en una experiencia personal, atravesada por conflictos, manipulación y límites estructurales.

Newropía: Elige tu propia utopía es una obra de ciencia ficción multiutópica escrita por Sofía Rhei (1978) y publicada en 2020. Dentro del ciclo Utopías feministas e identitarias, este relato no solo cuestiona las jerarquías patriarcales, sino que explora los límites del lenguaje, la pluralidad identitaria, los modelos de convivencia, la ecología y el poder.

Rhei es una autora española que transita con naturalidad entre la poesía experimental y la narrativa especulativa. Su obra se caracteriza por la hibridación de géneros y públicos. Ha escrito para lectores infantiles, juveniles y adultos, construyendo un universo literario diverso que va de la fantasía a la ciencia ficción.

Su trayectoria ha sido reconocida con premios como el Javier Egea o el Celsius, y ha sido incluida en el catálogo The White Ravens, otorgado por la Biblioteca Internacional de la Juventud de Múnich a los libros infantiles y juveniles más destacados del mundo.

Dos miradas en un mundo fragmentado

La estructura narrativa de la novela se construye sobre una alternancia precisa entre dos trayectorias: la de Elliot (un adolescente de 16 años) y la de Verbena (una joven bruja).

Elliot crece en Xanadú, una recreación temática de los años ochenta, donde la felicidad parece garantizada a través de la nostalgia y el control:

Xanadú era la recreación de una época que se consideraba especialmente adecuada para que los jóvenes fueran felices (p. 40).

Su recorrido es el de un despertar: el paso de una realidad protegida a la conciencia de un sistema mucho más complejo —y menos inocente— de lo que parecía.

En paralelo, Verbena pertenece a la Foresta, una comunidad ecofeminista que ha llevado hasta sus últimas consecuencias el hecho de vivir en armonía con la naturaleza. Su misión la obliga a abandonar ese equilibrio y adentrarse en las «tierras bárbaras», definidas por la violencia estructural del sistema:

Máquinas, gasolina, mujeres esclavas y criaturas asesinadas (p. 30).

El narrador, en tercera persona, alterna ambas focalizaciones y refuerza este contraste. También lo hace el tono: más ligero y aventurero en Elliot; más introspectivo y lírico, en Verbena.

En este cruce de miradas, el texto despliega un híbrido de géneros —utopía, distopía y fantasía— para abordar temas profundamente contemporáneos: ecologismo, feminismo, manipulación mediática o construcción de la identidad. Todo ello atravesado por una idea inquietante: que el mayor poder ya no es político ni militar, sino emocional.

El origen de Newropía

Newropía no responde a un ideal, sino a una ruptura. Antes que proyecto, es consecuencia. El verdadero origen del continente es un colapso energético provocado por una acción radical y silenciosa:

[…] una gran acción bioterrorista […] consistente en infiltrar en los pozos petrolíferos una bacteria modificada para devorar el crudo (p. 55).

La velocidad de propagación convierte la crisis en irreversible; en cuestión de semanas, el sistema que sostenía la economía global queda comprometido.

A partir de ahí, la historia de Europa se reescribe desde la escasez. La crisis de recursos desencadena una transformación profunda:

Dividieron las ciudades en sectores y limitaron la población […] concedieron la independencia política a los pequeños estados (p. 56).

Lo que emerge no es una unidad renovada, sino una fragmentación progresiva. Cada comunidad comienza a definirse por aquello que la hace distinta:

La gente empezó a crear comunidades que tuvieran algo especial (p. 56).

Crisis, poder y relato

Sin embargo, esta dispersión no implica ausencia de poder. El continente queda articulado en torno a dos grandes fuerzas: el Sistema Simpático, «capitalista y tecnológico», y el Parasimpático, «ecologista y prosocial» (p. 56). Dos lógicas que no se anulan, sino que coexisten en tensión, obligadas a negociar cada decisión.

En este contexto, el comunicado fundacional de Newropía introduce una capa adicional de ambigüedad. Presentado como un anuncio publicitario, se abre con una afirmación rotunda e irónica:

Ahora que el cambio climático está bajo control (p. 57).

La nueva Europa se ofrece al mundo como la «nueva utopía europea» y, al mismo tiempo, como un espacio de consumo: «el gran jardín de recreo del mundo» (p. 57).

Entre la crisis real y el relato que la maquilla, Newropía nace siendo una utopía narrada antes que resuelta.

Una doble aventura

La trama de Newropía se despliega como una doble aventura que avanza en paralelo. Dos misiones que, sin saberlo, participan de un mismo conflicto de escala continental.

El despertar de Elliot

Elliot, criado en la aparente inocencia de Xanadú, dejará atrás el hogar después de descubrir que su realidad formaba parte de un sistema mucho más amplio. Elegido por sus aptitudes —«un chico sociable y resolutivo con firme conciencia social» (p. 38)—, es reclutado para una misión que combina iniciación política y aprendizaje acelerado.

Su objetivo es infiltrarse y ganarse la confianza de Rainer, diseñador de un nuevo parque temático cuyo impacto podría alterar el delicado equilibrio de Newropía:

Hacerme supercolega de Rainer y ganarme su confianza para descubrir los planos del parque temático» (p. 55).

En ese proceso, Elliot no solo recorre territorios diversos, sino que se enfrenta a la desestabilización de todo aquello que creía conocer.

Verbena contra la utopía capitalista

En paralelo, Verbena emprende su propia travesía desde la Foresta. Formada en disciplinas de resistencia y comprometida con su comunidad, su misión es mucho más directa y peligrosa—: impedir que ese mismo proyecto llegue a materializarse:

[…] utilizar cualquier solución a tu alcance para que esa monstruosidad nunca llegue a existir (p. 33).

Su viaje la obliga a infiltrarse en sociedades ajenas, adaptarse a códigos que le resultan hostiles y poner a prueba no solo sus habilidades, sino sus propias convicciones.

Donde la aventura se vuelve política

Ambas trayectorias están acompañadas de figuras secundarias —los agentes V y 101 (Elliot); Hierbaluisa y Genista (Verbena)— que actúan como guías, mediadores o contrapuntos ideológicos.

En el centro, el parque temático emerge como un símbolo: no solo es un proyecto de ocio, sino un dispositivo capaz de reconfigurar deseos, economías y formas de vida. Y es ahí, en ese cruce entre aventura y política, donde la novela encuentra su verdadera tensión.

¡El lugar donde los juegos son realidad!

Todo lo que en tu país no es más que una simulación o juego en algún lugar de Newropía existe en realidad, con gente de carne y hueso. El continente entero se ha especializado en parques temáticos, circuitos de supervivencia, jardines interactivos, escape experiences, aventuras guionizadas, roles en vivo y escenarios de inmersión histórica. ¡No tendrás vida para pasarte tantas pantallas!

Hay quien dice que la tecnología avanza mucho más deprisa de lo que la mente y la sociedad humanas son capaces de asimilar. ¡En Newropía eso ya no es un problema! Puedes elegir tu zona de confort entre casi 10.000 de ellas. Si la tecnología te agobia, vuelve al siglo XIX, o incluso a la prehistoria. Si te molestan los ruidos, escoge un estado silencioso.

Tanto si eres un amante de los deportes extremos o un fan de los hurones, como si coleccionas cajitas de cerillas, en Newropía existe un lugar perfecto para tus vacaciones, para tu estancia médica o para tu boda temática. ¡Pero te costará elegir!

Y sí, todo lo que te han contado es verdad. Sea lo que sea. La mayor parte de las cosas que en casi todo el mundo están prohibidas, como el tabaco, los antidepresivos, la acumulación infinita de riquezas y el derecho de pernada de los reyes, son legales en alguna parte de Newropía. ¡Infórmate bien de dónde te metes!

Guía de Newropía para turistas, fans, aventureros, exploradores, comerciantes y curiosos (p. 154)

La utopía múltiple de Newropía

Uno de los grandes aciertos del libro es su capacidad de multiplicar la utopía. No hay un único modelo, sino una constelación de propuestas que conviven, chocan y se contradicen.

Xanadú: la utopía retro

Xanadú es, en apariencia, un refugio inocente: un espacio detenido en 1986 donde la vida transcurre entre bicicletas, música, veranos interminables. Pero esa imagen de sencillez es, en realidad, el resultado de una construcción minuciosa.

No se trata solo de nostalgia, sino de un entorno pensado con intención. Todo está organizado para proteger a quienes viven allí: «el desarrollo infantil y juvenil es mejor en un ambiente más seguro» (p. 41). La utopía, así, se convierte en un instrumento didáctico donde el conflicto, la incertidumbre y la complejidad del mundo han sido filtrados.

Sin embargo, esa misma protección implica una forma de control. El tiempo detenido, la cultura seleccionada, la ausencia de problemas: todo responde a una lógica de diseño. En Xanadú, la utopía no nace de la libertad, sino de un mundo preparado de antemano. Y es precisamente en esa diferencia —entre lo vivido y lo diseñado— donde empieza a resquebrajarse su promesa utópica.

La Foresta: la utopía ecofeminista

Por otro lado, la Foresta propone una utopía orgánica: una sociedad matriarcal, integrada por brujas con habilidades psíquicas, autosuficiente y centrada en el cuidado, la comunidad y la sostenibilidad.

Gobernada por «las ancianas» (p. 19), su estructura cuestiona directamente las jerarquías patriarcales y propone un modelo alternativo donde el poder se redistribuye y se vincula al saber colectivo.

Uno de los gestos más radicales de la Foresta es su intervención sobre el lenguaje. «La femenina absoluta» (p. 269) no es solo una convención lingüística, sino una herramienta ideológica: eliminar lo masculino implica reconfigurar la realidad nombrada. En este contexto, el lenguaje deja de ser neutro para convertirse en espacio de resistencia y construcción identitaria (pp. 17–18).

Frente a este modelo, las «tierras bárbaras» representan el reverso patriarcal: un lugar donde la explotación del cuerpo —humano y no humano— es la consecuencia directa de un sistema basado en la dominación. La novela establece así un vínculo claro entre patriarcado, capitalismo y devastación ecológica.

Ficha técnica del libro

  • Título: Newropía: Elige tu propia utopía
  • Autora: Sofía Rhei
  • Editorial: Minotauro
  • Año de edición: 2020
  • Lugar de edición: Barcelona
  • Imágenes de interior: José Miguel Fonollosa
  • N.º de páginas: 352

Otras utopías posibles

Más allá de Xanadú y la Foresta, Newropía es una geografía de experimentos sociales donde cada microestado retrata una forma singular de habitar el mundo.

A Umbría, «refugio de la gente fotofóbica y de los vampiros» (p. 59), se suman espacios como las Tierras Saurias, donde «solo algunos [dinosaurios], los más pequeños» han sido recreados (p. 59), o comunas de inspiración hippie que convierten el pasado en experiencia habitable (p. 42).

Pero no todas las utopías son amables: entre esos ensayos también emergen formas inquietantes, estados de inspiración totalitaria, que evidencian hasta qué punto la libertad de configuración puede derivar en modelos excluyentes o violentos.

No podrás entrar en la mayor parte de los estados pronazis si tienes rastros genéticos racializados, si no eres cisheterosexual o tienes alguna discapacidad, ¡pero probablemente tampoco querrías hacerlo! (Guía de Newropía para turistas, fans, aventureros, exploradores, comerciantes y curiosos, p. 159).

En su conjunto, la Europa de Newropía (año 2065) se despliega igual que «un puzle de centenares de mundos diferentes» (p. 41): una utopía fragmentada que multiplica las posibilidades, además de sus contradicciones.

Comunidades temáticas, sistemas políticos enfrentados, realidades diseñadas como experiencias. La utopía se convierte aquí en algo modular, intercambiable, incluso consumible.

Y desde esa visión, empieza asimismo a vaciarse de sentido.

La ilusión de elegir el mundo

El núcleo del libro gira sobre una pregunta incómoda: ¿qué significa realmente elegir una utopía?

En Newropía, la diversidad de modelos parece garantizar la libertad. Cada comunidad ofrece una forma distinta de vivir, y los individuos pueden, en teoría, desplazarse entre ellas.

Sin embargo, esta libertad no es tan real como parece. Está condicionada por fuerzas que no se ven a simple vista. La manipulación emocional, la publicidad o la construcción de relatos —representadas en Dreamergy, «una nación empresa dedicada a la glorificación de las tácticas y estrategias de la ficción publicitaria» (p. 32), y su líder, Iosepha Alpha— influyen en los deseos de la gente antes incluso de que se formulen.

Una grieta en la utopía

La experiencia de ambos protagonistas introduce una grieta en esa promesa de elección. Elliot descubre que su mundo era una ficción diseñada; Verbena empieza a intuir que el suyo también puede estar mediado:

Su primera visita a una comunidad regida por la estructura simpática no había hecho más que confirmar todas aquellas cosas que siempre había pensado. ¿O bien esa primera nación había sido escogida estratégicamente por Genista para condicionarla? No sería la primera vez que sucediera una cosa semejante (p. 49).

Así, el texto sugiere que elegir no siempre equivale a ser libre. Que incluso las utopías pueden ser dispositivos de control. Y que, tal vez, el verdadero asunto no sea qué mundo elegir, sino desde dónde estamos eligiendo.

Mi opinión

Newropía es una obra actual cuya propuesta adquiere una resonancia particular. Sobre todo, en relación con la crisis climática.

La libertad de elección permite que convivan comunidades sostenibles con otras especialmente destructivas: «Newropía seguía permitiendo hacer barrabasadas ecológicas a cambio de fuertes sumas de dinero» (p. 60).

Esta contradicción resulta clave. Porque pone en cuestión una idea muy contemporánea: que la suma de decisiones individuales puede bastar para afrontar problemas estructurales.

Desde la mirada de Verbena, el diagnóstico es claro:

Las orgías alimentarias, la dilapidación energética, calórica y carbónica. Aquellas eran las conductas culpables de la agonía de la madre Tierra (p. 33).

Pero el sistema que habita no impide que esas dinámicas continúen; simplemente las integra como una opción más.

En este sentido, la novela plantea una tensión difícil de resolver: la que existe entre diversidad y sostenibilidad. Entre el derecho a elegir y la necesidad de límites.

Quizá ahí resida una de sus intuiciones más lúcidas: que no todas las utopías pueden coexistir. Y que, en un mundo finito, elegir cómo vivir implica también decidir qué formas de vida quedan fuera.

Mientras que la crisis climática requiere de una coordinación global y un marco ético común, Newropía apuesta por la diversidad radical. El texto invita así a reflexionar sobre los límites de la utopía contemporánea y la necesidad de equilibrar libertad, sostenibilidad y responsabilidad individual y colectiva.

—Por tanto, considero que Newropía es una utopía, distopía y mucho más…

muy recomendable

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CRISTINA R. YEBRA
/Autora de utopías


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