Ecología, mujeres y búsqueda de la armonía
[…] la ciudadanía del sistema Enam se pregunta: ¿qué voy a hacer para recuperar la dignidad de la naturaleza y, por tanto, mi dignidad como ser humano?
Con motivo del Día Mundial del Medio Ambiente, Enam: En busca de la armonía estrena portada nueva. Este cambio no responde solo a una cuestión estética. Es una forma de volver al origen del proyecto.
Como bióloga, mi interés por la ecología humana me impulsó a escribir esta historia. Sentía la necesidad de imaginar un estilo de vida donde los seres humanos pudieran convivir en equilibrio con los ecosistemas que los sostienen.
Cuando empecé a escribir Enam, no hablaba de ecofeminismo. Pero con el tiempo he comprendido que su mundo está atravesado por muchas de sus ideas: la interdependencia, el cuidado, los límites y el papel de las mujeres en la construcción de alternativas.
Es decir: el ecofeminismo no es un discurso en Enam, sino una estructura implícita del worldbuilding. Y esta visión, en un día tan señalado como hoy, cobra más sentido que nunca.
Esta entrada de Letra Utopía es una invitación a leer Enam desde esa perspectiva.
En esta entrada
El origen ecológico de Enam
El sistema Enam nace después de una catástrofe medioambiental sin precedentes: el «Gran Incendio». No es solo un recurso narrativo, sino la consecuencia de un modelo de vida que llevó al límite la relación entre el ser humano y la naturaleza.
Enam surge como respuesta a ese fracaso.
De la dominación a la pertenencia
Uno de los cambios más profundos en Enam es el modo en que se concibe la naturaleza. Ya no es algo externo o utilizable, sino parte de lo que somos:
Un mundo donde prevalecería la sensibilidad humana, la creatividad, el sentido común, el amor propio, el respeto por los derechos del individuo y por algo más grande que nosotros mismos, la naturaleza de la cual formamos parte (Aglaya Sarasvati, p. 46).
Este cambio de mirada es esencial. En Enam no hay separación entre lo humano y lo natural. Y ese enfoque conecta directamente con una sensibilidad ecofeminista: cuestionar la jerarquía que sitúa al ser humano por encima del resto de la vida.
La sostenibilidad como estructura del sistema
En Enam, la sostenibilidad no es un decorado. Es el eje sobre el que se organiza la sociedad.
El propio Pusat —institución fundamental en la novela— lo muestra:
[…] este organismo es un reflejo de la estrecha relación que tiene nuestro modo de vida con la naturaleza (Parvati Syn, p. 23).

Vivir dentro de los límites
La vida cotidiana está atravesada por prácticas concretas:
- Jardines verticales.
- Reforestación y cuidado de animales.
- Huertos, plantas medicinales y barbecho.
- Reutilización de materiales.
- Consumo reducido.
- Dieta baja en proteína animal.
El propio sistema lo explica:
Reutilizamos materiales plásticos de la Edad Kuno para elaborar todo tipo de productos, entre ellos, calzados con una larga vida útil. Respecto al sistema Enam, nos basamos en los ideales de sostenibilidad (Tahi 301-X, p. 35).
Aquí aparece una propuesta clave: la sociedad se adapta a los límites del entorno. No al revés.
El cuidado como base de la convivencia
Uno de los rasgos más importantes de Enam es la centralidad del cuidado.
El Pusat no pretende castigar. Busca transformar, comprender, reintegrar.
Esto conecta con una ética ecofeminista que atraviesa toda el libro: la convivencia no se sostiene solo con normas, sino con responsabilidad compartida.
Comprender antes que castigar
Incluso los comportamientos que dificultan la convivencia —pereza, rebeldía, violencia— se abordan desde otra lógica. No son fallos individuales aislados, sino parte de una red más compleja.
Este enfoque se aleja de modelos punitivos tradicionales y se acerca a una perspectiva relacional, donde el bienestar individual depende del colectivo.
Mujeres en el centro del sistema
Otro de los pilares de esta lectura ecofeminista es el papel de las mujeres.
En Enam, las figuras principales del sistema son mujeres:
- Parvati Syn, directora del Pusat, encarna la búsqueda de equilibrio entre justicia y transformación.
- Aglaya Sarasvati, fundadora y referente intelectual, representa la memoria y la visión del sistema.
- Laka Medeina, gestora de comunidades, conecta el modelo con la vida cotidiana.
Un poder que no necesita justificarse
Lo interesante no es solo la participación de mujeres, sino cómo está integrada:
- No se presenta como excepción.
- No se cuestiona.
- No se subraya.
Forma parte de la normalidad del sistema.
Esto plantea un modo distinto de entender el poder: menos centrado en la dominación y más en la responsabilidad colectiva.
Crítica al modelo anterior
Enam no puede entenderse sin su pasado. La Edad Kuno representa el mundo anterior, marcado por la explotación, la violencia estructural y la desconexión de la naturaleza.
La cita que sigue ejemplifica esta crítica:
[…] el germen de todo es la imperiosa necesidad de crecimiento. Yo lo denomino «expansividad humana». […] Aunque eso fue un inconveniente de la Edad Kuno, nuestra especie lo arrastra desde sus orígenes. A raíz de las grandes civilizaciones, lo hemos devastado todo a nuestro paso. Los rasgos salvajes siempre han prevalecido frente a los sensibles porque la mayoría de las culturas los han fomentado (Aglaya Sarasvati, p. 45).
Aprender del error
Esta memoria no es solo histórica. Es ética.
El sistema Enam se construye desde la conciencia de ese fracaso. Desde la necesidad de no repetirlo.
Aquí aparece otra idea clave: no hay utopía sin memoria.
Los límites de la utopía
Pero Enam no es un sistema perfecto. Y ahí reside la imperfección humana.
Para sostener el equilibrio introduce:
- Regulación de la población.
- Mejorar el comportamiento.
- Intervención institucional.
- Verdades ocultas.
Esto abre una pregunta incómoda:
¿Puede existir la sostenibilidad sin control?
La novela no ofrece respuestas cerradas, aunque sí plantea el conflicto:
- ¿Hasta dónde puede llegar la intervención?
- ¿Qué se sacrifica en nombre del cuidado colectivo?
- ¿Quién decide esos límites?
Estas tensiones conectan con debates actuales sobre ecología, libertad y poder.
La sensibilidad como valor central
Más allá de la sostenibilidad o la organización social, hay un elemento que atraviesa todo el sistema Enam: la sensibilidad. Y se contrasta con los «rasgos salvajes» del pasado.

No es un concepto abstracto, sino una cualidad necesaria con el fin de sostener el equilibrio.
Sentir para habitar el mundo
En el origen del sistema, se expresa con claridad la necesidad de un cambio profundo en la forma de estar en el mundo:
Me refiero a la «teoría del individuo sensible frente al salvaje» que la pensadora expone en su tratado filosófico Humanos sensibles y salvajes. […] Sarasvati acuña el término de «expansividad humana» para referirse a nuestra imperiosa necesidad de crecimiento. […] la pensadora propone alcanzar la mejor versión del ser humano focalizando esa necesidad de crecimiento en la sensibilidad de la persona. […] sugiere que desde el propio sistema se fomente la capacidad del individuo para entender y sentir tanto a los demás como al ecosistema del que forma parte (Parvati Syn, pp. 61–62).
La sensibilidad, en este contexto, no es fragilidad. Es atención.
Atención a uno mismo, a los demás y al entorno.
Desde una lectura ecofeminista, este punto resulta decisivo. Frente a modelos que han priorizado el control, la productividad o la expansión, Enam sitúa en el centro la capacidad de percibir, de empatizar y de reconocer la interdependencia.
Porque no puede haber sostenibilidad sin conciencia.
Y no puede haber conciencia sin sensibilidad.
Ecofeminismo y ficción utópica
La ficción utópica no trata de predecir el futuro. Trata de imaginar alternativas.
Enam es una de ellas. Y aunque su marco principal es la ecología humana, su mundo encarna muchas de las ideas ecofeministas:
- Interdependencia con la naturaleza.
- Sostenibilidad como base social.
- Ética del cuidado.
- Liderazgo femenino.
- Crítica al modelo extractivo.
- Regulación y límites.
Pero lo hace sin convertirse en un discurso cerrado. Y, sobre todo, es una invitación a pensar.
Ampliando el horizonte de lo posible
Desde una perspectiva ecofeminista, la utopía no consiste en diseñar sociedades perfectas, sino en abrir espacios para pensar otras formas de relacionarnos con la naturaleza, con los demás y con nosotros mismos.
En ese sentido, Enam no propone un modelo acabado, sino una reflexión sobre cómo podrían ser comunidades más conscientes de su interdependencia y de los límites que sostienen la vida.
Quizá ahí resida la verdadera función de la ficción utópica: no ofrecer respuestas definitivas, sino ampliar el horizonte de lo posible.
Nueva portada, nueva mirada
La nueva portada nace de esta visión ecofeminista. De poner en primer plano lo que siempre estuvo ahí: la relación entre naturaleza, sociedad y cuidado.
Una forma de leer Enam desde otro lugar.
Te invito a reflexionar sobre cómo habitamos el mundo.
Y sobre cómo podríamos hacerlo de otra manera.
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Si te interesan las novelas que combinan ficción utópica, ecología, intriga, dilemas éticos y personajes complejos, Enam es para ti.
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Letra Utopía
Letra Utopía es mi blog literario. Un espacio para reflexionar sobre ficción utópica y otros libros que me vienen acompañando desde que empecé mi proyecto literario.
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CRISTINA R. YEBRA
/Autora de utopías
