Siglos XVI y XVII
Si has llegado a esta entrada sin leer las anteriores sobre mí, me presento brevemente: soy Cristina R. Yebra, bióloga y escritora de ficción especulativa. En este enlace puedes encontrar más información sobre mi proyecto literario.
Desde el comienzo de esta aventura, Letra Utopía reflexiona sobre la diversidad de visiones utópicas y el espacio fronterizo con las distopías y otros (sub)géneros. En este sentido, hay una frase de William Morris, que suelo citar en algunas de mis publicaciones, y dice así:
La única manera auténtica de leer una utopía es considerarla como la expresión del temperamento de su autor (Noticias de ninguna parte, Capitán Swing, 2011).
En esta ocasión, iré reseñando los textos seleccionados a lo largo de este año. Estas obras abarcan los siglos XVI y XVII, y tienen en común la simbología detrás de las utopías al margen de la literalidad y la visión sociopolítica que interpretaron sus contemporáneos.
El título de este post está inspirado en el ensayo de Federico González : Las utopías renacentistas: Esoterismo y Símbolo (Libros del Innombrable, 2016). González, respecto al simbolismo de estas obras, manifiesta:
La Utopía como tal no tiene espacio ni tiempo puesto que como estructura circular basada en el pasado se proyecta hacia un futuro creando un presente donde pasado y futuro son abolidos, llegando a representar así el verdadero sentido oculto de la Utopía, el del Eterno Presente, siempre inalcanzable.
Obras utópicas y simbolismo
Utopía
En Utopía, de Tomás Moro (1516), Rafael Hythloday, un explorador portugués que ha vivido durante más de cinco años en la isla de Utopía, relata el modo de vida de sus habitantes. En su narración, describe Utopía como un pueblo bien organizado, gobernado con sabiduría y centrado en el estudio y el trabajo bajo una esforzada dedicación.
Moro plantea la abolición de la propiedad privada, así como un reparto apropiado de las tareas para que los seres humanos puedan vivir con mayor prosperidad. Y entre los temas principales que trata, se encuentran la política, la agricultura, la arquitectura, la religión, la organización del trabajo, la geografía y la urbanización.
La ciudad del Sol
La ciudad del Sol de Tomasso Campanella (1623) es un diálogo poético entre Hospitalario y Genovés, piloto de Cristóbal Colón. Este último, después de recorrer el mundo, llega a la isla de Trapobana. Allí se ve obligado a desembarcar y descubre la Ciudad del Sol.
A través de este diálogo, se muestran las peculiaridades de esta ciudad. La cuál está gobernada por un sumo príncipe o sacerdote de nombre Sol (o Hoh). Que, según especifica Genovés, ellos lo llamarían Metafísico.
En la cosmogonía propuesta por Campanella, se observan influencias del mundo cristiano, la astrología, las ideas de Platón y la utopía de Tomás Moro. Tampoco hay propiedad privada, pues, al perderse el amor propio, se fortalece la comunidad.
Nueva Atlántida
En Nueva Atlántida, de Francis Bacon (1627), unos navegantes parten de Perú, donde habían vivido durante un año, rumbo a China y Japón. Pero, en su viaje, una fuerte tempestad los desvía de su trayecto, adentrándolos en las tierras desconocidas del Mar del Sur. Es así como los náufragos llegan a Bensalem, una isla remota aún por descubrir.

Bacon, al igual que Moro o Campanella, hace un ejercicio imaginativo para crear un lugar en el que los seres humanos puedan vivir con mayor prosperidad. Sin embargo, a diferencia de sus predecesores, no toma como referencia a los pensadores de la Antigüedad, sino que los critica. En su caso, el Nuevo Método y la Casa de Salomón representan una vida basada en la ciencia.
El otro mundo
El otro mundo de Cyrano de Bergerac (1657/1662) se abre con una conversación sobre la Luna entre el protagonista y cuatro amigos. Entusiasmado, el protagonista sostiene que este astro es un mundo habitado como la Tierra. Y cuál es su sorpresa cuando, al llegar a su casa, encuentra sobre la mesa de su dormitorio un libro abierto: eran las obras de Cardano.
Después de esta lectura, el protagonista, obsesionado con la idea de subir a la Luna, inventa un extraño artilugio para llegar hasta dicho astro. Y tal es así su empresa, que no solo viajará a la Luna, sino también al Sol. En ambos mundos, encontrará estados e imperios en los que vivirá un gran número de aventuras.
Cyrano hace uso de la fantasía utópica y de la sátira para tratar temas filosóficos, científicos y esotéricos. En su aventura, el protagonista, Dyrcona (anagrama de Cyrano D[e Bergerac]), se encontrará con personajes bíblicos y reales, como Tommaso Campanella, además de animales y árboles que hablan.

El mundo resplandeciente
El mundo resplandeciente de Margaret Cavendish (1666) comienza con el secuestro de una dama joven y bella. El responsable, un mercader extranjero, de rango inferior y enamorado de ella, decide embarcarla en una nave llena de marineros. Pero, en su recorrido, las adversidades climáticas los lleva hacia el Polo Norte y todos los tripulantes mueren congelados menos la dama.
A partir de este momento, la dama emprende una travesía que la llevará a otro mundo: el Mundo Resplandeciente. Allí encontrará a seres extraños, una especie de híbridos entre animales y humanos, que, por su belleza, la conducirán ante el emperador. Este la cree una diosa y decide casarse con ella y otorgarle poder absoluto para gobernar. Es así como la dama se convierte en emperatriz.
La novela de Cavendish mezcla diferentes géneros literarios para hablar de filosofía, ciencia y tratar temas políticos, sociales e identitarios. Pero, más allá del ejercicio discursivo, El mundo resplandeciente recuerda a una obra de teatro donde la estética juega un papel importante en la experiencia visual, en este caso, lectora.
Letra Utopía
Letra Utopía es mi blog literario. Un espacio para reflexionar sobre ficción utópica y otros libros que me vienen acompañando desde que empecé mi proyecto literario. Próximamente reseñaré Utopía de Tomás Moro.

Utopía se considera, generalmente, como la obra fundacional del género utópico. En palabras de Francisco Martorell Campos: «El enclave popular de los textos utópicos pertenece a la literatura utópica. Cultivada a cuentagotas durante la Antigüedad, emergió oficialmente en el Renacimiento junto al capitalismo, el Estado nación, la vida urbana, la revolución científica y el humanismo.
El neologismo utopía surgió aquí. Tomás Moro lo construyó con la palabra topos (‘lugar’), a la que modificó con el prefijo u-, inexistente en griego. Lo más cercano son el prefijo ou-, que expresa negación, y la partícula eu-, próxima al concepto de ‘bueno’. De lo indicado se deduce que el sentido etimológico de utopía sería ‘lugar bueno que no existe’» (Soñar de otro modo: Cómo perdimos la utopía y de qué forma recuperarla, La Caja Books, 2019).
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¡Nos vemos en el próximo post!
CRISTINA R. YEBRA
/Autora de utopías