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Utopía como estructura circular

La ciudad es un mandala vivo, y por lo tanto un talismán e instrumento mágico que toca a la totalidad de los pobladores que viven allí.

La ciudad del Sol es un diálogo poético entre Hospitalario y Genovés, piloto de Cristóbal Colón. Este último, después de recorrer el mundo, llega a la isla de Trapobana, donde se ve obligado a desembarcar, y descubre la Ciudad del Sol.

A través de este marinero, se muestran las peculiaridades de la ciudad, la cual está construida sobre una colina, y se halla dividida en siete murallas concéntricas y escalonadas, que reciben el nombre de los siete planetas. Además, como parte de la cosmogonía y morfología de esta urbe singular, en su cúspide se erige un templo en honor a Sol, símbolo de Dios.

La ciudad del Sol es una obra escrita por el dominico italiano Tomasso Campanella (1568–1639) y publicada originalmente en 1623. Junto con Utopía de Tomás Moro (1516) y Nueva Atlántida de Francis Bacon (1627), La ciudad del Sol es uno de los textos más relevantes de la literatura utópica renacentista.

Sobre este relato, afirma el Diccionario de lugares utópicos1: «Obra de pequeñas dimensiones, fue redactada en italiano en las celdas inquisitoriales de Nápoles en 1602, aunque no vería la luz hasta 1623; ese año fue publicada en latín en la ciudad alemana de Frankfurt. […] La utopía campanelliana se enmarca en un contexto de intensas disputas intelectuales, también de redefinición del panorama político con la consolidación de la Contrarreforma católica, la decadencia de la Monarquía Hispánica, el ascenso de Francia y la expansión ultramarina de distintas potencias europeas» (págs. 150–151).

Una rebelión en Calabria

Cuenta Manuel Alvargonzález Fernández, en el Diccionario de lugares utópicos, que Campanella era hijo de una familia de labradores que vivían en la población calabresa de Stilo, la región más pobre del reino de Nápoles, perteneciente entonces a la Monarquía Hispánica. Sin embargo, a los 14 años, consiguió ingresar en la orden de los dominicos, por lo que pudo estudiar. Aun así, declara Fernández:

El joven fraile entró muy pronto en conflicto con los principios intelectuales de su tiempo, marcados por la obra de Aristóteles (384–322 a. C.), que Campanella rechazó plenamente, encontrando mucho más estimulante el sistema alternativo planteado por Bernardino Telesio (1509–1588). Mientras que el pensador griego había establecido una visión del mundo a partir de la deducción, Telesio creía en la experiencia y la observación directa de la naturaleza; esta concepción de la ciencia y el conocimiento traería numerosos problemas a Campanella, pues a través del dominico Santo Tomás de Aquino (1225–1274) la Iglesia había asumido el pensamiento aristotélico.

Por otro lado, prosigue Fernández, Tomasso Campanella no fue ajeno a las desigualdades sociales de su tiempo, caracterizado por la difícil situación del campesinado calabrés y, en 1599, formó parte de una rebelión en Calabria.

Sobre este suceso, también hace alusión Federico González2, en Las utopías renacentistas: Esoterismo y Símbolo, y explica: «Campanella […] participó en una revolución en Calabria, donde pretendía instalar en política los conceptos expresados en su obra […] lo que a temprana edad le significó un proceso por herejía […]. Todo ello le valió a nuestro autor diferentes juicios por ese mismo cargo por los que pasó preso veintisiete años de su vida y en los que escribió innumerables tratados sobre teología, metafísica, astrología y magia» (págs. 61–62).

Diálogo poético

La edición de Biblioteca Nueva cuenta con una introducción por Álvaro Otero, una nota sobre la traducción, una bibliografía con los principales textos de Tomasso Campanella, la bibliografía específica de referencia, y una cronología donde consta: la vida y obra de Campanella acompañada de los acontecimientos filosóficos, científicos, culturales y políticos contemporáneos al autor.

En cuanto a la narración en sí, La ciudad del Sol es un diálogo poético, como se ha mencionado, entre dos interlocutores: Hospitalario y Genovés, siendo este último un supuesto navegante de Cristóbal Colón. Y será a través de este recurso que Campanella especulará sobre su ciudad ideal. Algunos de los temas tratados son los siguientes: la política, la guerra, la salud, la educación y la moral.

Respecto al título del relato, el Diccionario de lugares utópicos dice así:

El nombre concreto de la Ciudad del Sol puede inspirarse tanto en la cita bíblica de Isaías 19, 18 como en el término estoico Heliópolis, el cual hace referencia a una ciudad ideal libre de clases sociales y desigualdades.

La utopía del Sol

En la cosmogonía plasmada por Tomasso Campanella, se observan influencias del mundo cristiano, la astrología, las ideas de Platón y la utopía de Tomás Moro. Tampoco hay propiedad privada, pues, según el autor, al perderse el amor propio, se fortalece la comunidad.

Además de estas características, se enumeran, a continuación, otras particularidades de La ciudad del Sol (listadas por orden de aparición en el texto):

Sistema de gobierno

  • Quienes gobiernan: «El sumo príncipe entre ellos es un sacerdote llamado en su lengua Sol, nosotros lo llamaríamos Metafísico. Este es el jefe de todos, tanto de las materias temporales como de las espirituales. Todas las disputas y los asuntos acaban al final sobre su juicio. Lo flanquean tres asistentes principales, Pon, Sin y Mor, o sea, en nuestra lengua, Potestad, Sabiduría, Amor» (pág. 62).

  • Tipo de gobierno y orígenes: «La Ciudad del Sol es una república de filósofos: pertenecen a una comunidad independiente de Brahmanes influidos por el pitagorismo, pero estas determinaciones no tienen peso real sobre sus ideas y costumbres; solamente nos informa de sus orígenes» (nota 11, pág. 65).

Reparto de bienes

  • Reparto de bienes y gestión de conflictos: la distribución de los bienes es responsabilidad de unos oficiales, quienes asimismo velan por los habitantes de la ciudad. Disponen de un oficial para cada una de las virtudes, elegidos según se inclinen desde niños, en la escuela, a tal virtud. Estos reciben el nombre de Magnanimidad, Castidad, Fortaleza, Justicia criminal y civil, Diligencia, Verdad, Beneficencia, Gratitud, Misericordia, etc. Además de ser expertos en su arte, los oficiales deberán ser filósofos, historiadores, naturalistas y humanistas (págs. 65–70).

Artes, cárceles y enterramientos

  • Artes comunes para todos: «[…] es común a todos el arte militar, la agricultura y la ganadería; todos están obligados a conocerlas, y estas artes son para ellos las más nobles; además, quien más artes conoce, más noble es, y para ejercerlas se designa al más apto» (pág. 86).

  • Cárceles: «No tienen cárceles, pero disponen de un torreón para algún enemigo rebelde» (pág. 94).

  • Enterramientos: «Los cuerpos muertos no se entierran, se queman para evitar la peste y para convertirlos en fuego, cosa tan noble y viva, ya que se viene del Sol y a Él se vuelve, y para evitar ser sospechoso de idolatría» (pág. 98).

Sobre la propuesta de Campanella, el Diccionario de lugares utópicos refiere: «En vida de su autor distó de ser su obra más famosa, y a lo largo del XVIII pasó completamente desapercibida. Sin embargo, la plasmación en sus páginas de una sociedad en la que la propiedad privada y la familia estaban abolidas, en que el trabajo era obligatorio para todos y en que se daba una importancia fundamental a la educación y el conocimiento la hicieron muy interesante para los socialistas de los siglos XIX y XX».

Ciudad del Sol como política

Álvaro Otero, al igual que Antoine Hatzenberger3, manifiesta, en la introducción del libro, que la literatura utópica es un género que consiste en recrear un orden político. Según Otero, estas narraciones tienen dos funciones: por una parte, intentan llevar a la práctica una nueva organización social y política; y, por otra, critican las instituciones políticas que rigen en la época del autor.

Y añade:

En esta clase de obras se reprueban las organizaciones de gobierno de un tiempo determinado, así como los vicios que causan los males de la vida común. Las utopías se crean como posible solución a los problemas que asolan a una sociedad, y por ello son una censura de un estado de cosas. Enjuicia las corrupciones de un sistema, y alude a unas instituciones que no saben responder ni gestionar las dificultades que se le plantean.

De acuerdo con lo anterior, para Álvaro Otero, Campanella quiso presentar, en La ciudad del Sol, «un proyecto de organización política y social que permitiese solucionar las cuestiones de su tiempo». Y explica: «Las principales características de esta obra consisten en la creación de un Estado que se rija por la sola razón natural; gracias a esto la organización política que se propone es posible, y además puede exportarse a cualquier comunidad. Esta organización estatal está enraizada en las condiciones sociopolíticas en las que vivió el autor».

Ciudad del Sol como símbolo

Por su parte, Federico González, como ya se vio en la reseña de Utopía de Tomás Moro, defiende una perspectiva diferente en el ensayo Las utopías renacentistas: Esoterismo y Símbolo. Y lo expresa de la siguiente forma:

Desgraciadamente desde el comienzo tanto a la obra de Moro como a la de Campanella, a pesar de que en círculos de tipo filosófico se las tomara en el sentido esotérico en que habían sido escritas, la mayoría de sus lectores las entendió de modo literal, y no era para menos dada la crítica que en ellas se hacía de las sociedades de su tiempo.

En relación a esta visión simbólica, González apunta que la Ciudad del Sol tiene una estructura circular, de la misma manera que la Atlántida, descrita en el Critias de Platón o la Utopía de Moro. Y precisa: «La ciudad es un mandala vivo, y por lo tanto un talismán e instrumento mágico que toca a la totalidad de los pobladores que viven allí».

Ficha técnica del libro

  • Título: La ciudad del Sol
  • Autor: Tomasso Campanella
  • Editorial: Biblioteca Nueva
  • Año de edición: 2006
  • Lugar de edición: Madrid
  • Traducción: Álvaro Otero
  • N.º de páginas: 112

A su vez, los habitantes de esta utopía honran al sol y a las estrellas como seres vivientes y sirven a Dios bajo el símbolo del Sol, y por ello sus sacerdotes lo invocan junto con los astros y el cielo, tomando a la creación como un templo.

En definitiva, según el enfoque del ensayo mencionado, estas ficciones, separadas de su contexto esotérico, no serían sino banalidades a las que los autores por su propia trayectoria no podrían haberse prestado nunca.

Mi opinión

La crónica de Campanella sigue la estela del texto de Moro o Platón, en tanto pretende transmitir su visión de una ciudad ideal. Como decía en la anterior reseña, hay, por tanto, una función política, es decir, una necesidad de buscar la felicidad pública y privada.

Por otro lado, al margen del simbolismo expuesto por Federico González, en este tipo de literatura, hay cierta simbología en los elementos utópicos que proponen. En el caso de La ciudad del Sol, la ausencia de propiedad privada también es un símbolo de lo utópico, como lo es para Tomás Moro en Utopía, William Morris en Noticias de ninguna parte o Ursula K. Le Guin en Los desposeídos.

En conclusión, recomiendo esta utopía renacentista para quienes tengan interés en seguir profundizando en los orígenes de estas ficciones literarias.

—Por tanto, considero que La ciudad del Sol es una utopía…

… clásica

Letra Utopía

Letra Utopía es mi blog literario. Un espacio para reflexionar sobre ficción utópica y otros libros que me vienen acompañando desde que empecé mi proyecto literario. Próximamente reseñaré Nueva Atlántida de Francis Bacon.

Sobre esta narración, recoge Federico González en Las utopías renacentistas: Esoterismo y Símbolo: «La diferencia fundamental entre La Nueva Atlántida y las utopías precedentes es que esta última no se fundamenta, como todo en el Renacimiento, con base en la antigüedad sino que no reconoce antecedentes clásicos e incluso soslaya la paternidad del modelo platónico asentado en La República; en ese sentido es una de las propulsoras de esta era que encuentra en Descartes su heraldo principal; el uso abundante del calificativo “nuevo” ilustra profusamente esta aseveración».

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¡Nos vemos en el próximo post!

CRISTINA R. YEBRA
/Autora de utopías


Comentarios(2)

  1. Cristina, has aportado un comentario muy bueno y de un enfoque técnico impecable para conocer la utopía de Campanella.

    1. Gracias, Feliciano, por tus palabras. Son de gran valor para mí.

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