Obra fundacional del género utópico
El utopismo no es esperanza, ni, menos aún, optimismo. Es necesidad, y es deseo.
En Utopía, Rafael Hythloday, un explorador portugués que ha vivido durante más de cinco años en la isla de Utopía, relata el modo de vida de sus habitantes. En su narración, describe Utopía como un pueblo bien organizado, gobernado con sabiduría y centrado en el estudio y el trabajo bajo una esforzada dedicación.
Utopía es una obra escrita por Tomás Moro (1478–1535) y publicada originalmente en 1516. Moro es un autor británico cuyo texto se considera, por lo general, como la obra fundacional del género utópico.
En palabras de Francisco Martorell Campos1: «El enclave popular de los textos utópicos pertenece a la literatura utópica. Cultivada a cuentagotas durante la Antigüedad, emergió oficialmente en el Renacimiento junto al capitalismo, el Estado nación, la vida urbana, la revolución científica y el humanismo.
El neologismo utopía surgió aquí. Tomás Moro lo construyó con la palabra topos (‘lugar’), a la que modificó con el prefijo u-, inexistente en griego. Lo más cercano son el prefijo ou-, que expresa negación, y la partícula eu-, próxima al concepto de ‘bueno’. De lo indicado se deduce que el sentido etimológico de utopía sería ‘lugar bueno que no existe’» (pág. 16).
En esta reseña
Concepto de utopía
En la edición de Ariel por el V Centenario de Utopía de Tomás Moro2, la nota del editor plantea cierta ambigüedad en cuanto al concepto de utopía:
Aún se debate si la utopía es un no-lugar (u-topos) o un buen-lugar (eu-topos), o un lugar que todavía no es pero debería ser. Tampoco está muy claro si lo que ofrece es un modelo para armar, una sátira de la realidad, una constructiva crítica social o un simple divertimento para la imaginación (pág. 11).
Por su parte, Francisco Martorell Campos, en el ensayo Soñar de otro modo: Cómo perdimos la utopía y de qué forma recuperarla, dice lo siguiente a este respecto: «Definir utopía resulta tan embarazoso como definir filosofía. Hay tantas definiciones como definidores. La causa fundamental del desacuerdo radica en que, además de ser un término ante el cual resulta inviable mantenerse neutral, utopía designa cosas diferentes.
Tower Sargent, por ejemplo, sostiene que la utopía abarca la literatura utópica, la teoría utópica y las comunidades utópicas. Esta clasificación necesita de varios retoques, dado que deja fuera una variable esencial (el deseo utópico), separa dos elementos hermanados (la teoría y la literatura) y confina el alcance de la política utópica a los experimentos comunitarios» (pág. 14).
Elementos de la utopía
En este marco definitorio, Martorell Campos engloba tres elementos dentro de la palabra «utopía»:
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El deseo utópico: «Teorizado por Ernst Bloch y Ruth Levitas, el deseo utópico equivale, fundamentalmente, al deseo de un mundo mejor. Aparece al experimentar malestar o disconformidad con la realidad, sentimientos que nos empujan a desear que fuera diferente y a imaginar cómo figuraría si lo que genera el sufrimiento, la frustración o la indignación no estuviese» (pág. 14).
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La forma utópica: «Es la esfera donde se sitúan los textos producidos bajo la influencia del deseo utópico que tienen la peculiaridad de censurar lo que es confrontándolo con un borrador de lo que debería ser. Su ramificación erudita más notoria es la teoría utópica social, practicada con heterogénea regularidad y voluntad por Rousseau, Kant, Owen, Saint-Simon, Mill, Marx, Dewey y Marcuse, por citar solo a unos cuantos. A juicio de todos ellos, la sociedad mejorará al socaire de las reformas políticas adecuadas» (pág. 15).
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La política utópica: «"La utopía exige e impone su realización", afirma Frederick Polak. Tácita o abiertamente, la utopía quiere algo más que negar la sociedad reinante mostrando lo que le sobra y lo que le falta. Quiere transformarla o abolirla» (pág. 17).
Personalidad política y humanista
Tomás Moro3 fue un político y humanista inglés. Formaba parte de la pequeña nobleza, estudió en la Universidad de Oxford y accedió a la corte inglesa en calidad de jurista. Su experiencia como abogado y juez le hizo reflexionar sobre la injusticia del mundo, a la luz de su relación intelectual con los humanistas del continente (como Erasmo de Rotterdam). Desde 1504 fue miembro del Parlamento, donde se hizo notar por sus posturas audaces en contra de la tiranía.

Enrique VIII, atraído por su valía intelectual, le promovió a cargos de importancia creciente: embajador en los Países Bajos (1515), miembro del Consejo Privado (1517), portavoz de la Cámara de los Comunes (1523) y canciller desde 1529 (fue el primer laico que ocupó este puesto político en Inglaterra). Ayudó al rey a conservar la unidad de la Iglesia de Inglaterra, rechazando las doctrinas de Lutero; e intentó, mientras pudo, mantener la paz exterior.
Sin embargo, acabó rompiendo sus relaciones con Enrique VIII por razones de conciencia, pues era un católico ferviente que incluso había pensado en hacerse monje. Moro declaró su oposición a Enrique y dimitió como canciller cuando el rey quiso anular su matrimonio con Catalina de Aragón, rompió las relaciones con el Papado, se apropió de los bienes de los monasterios y exigió al clero inglés un sometimiento total a su autoridad (1532).
Su negativa a reconocer como legítimo el subsiguiente matrimonio de Enrique VIII con Ana Bolena, prestando juramento a la Ley de Sucesión, hizo que el rey le encerrara en la Torre de Londres (1534) y le hiciera decapitar al año siguiente. La Iglesia católica lo canonizó en 1935.
Antecedentes de Utopía
Federico González4, en el ensayo Las utopías renacentistas: Esoterismo y Símbolo, recoge los siguientes antecedentes en la obra de Moro (pág. 55):
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Estudio sobre la vida de Pico de la Mirándola: «Con respecto a su libro cumbre y a su formación renacentista y metafísica diremos que el principal antecedente de Utopía en su obra es la traducción que efectuara de un estudio sobre la vida de Pico de la Mirándola preparado por el sobrino de éste, ya que dicho autor, junto con Marsilio Ficino, fueron las luminarias más reconocidas de este primer periodo del Renacimiento platónico-hermético, con componentes de cábala cristiana».
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La obra de Platón: «No es difícil trazar una breve sinopsis de Utopía, escrita en forma de diálogo —lo cual recuerda a Platón, tanto como a Luciano, otro de los autores que fue importante en la formación de Moro— no obstante lo condensado y complejo de esta obra que describe una sociedad ideal, y a pesar de las contradicciones que los hombres de nuestra época, y los contemporáneos del autor inglés, podrían advertir en ella; vgr.: ciertas formas muy cercanas a la esclavitud y a las guerras llevadas a cabo por mercenarios».
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El descubrimiento de América: «Se ha señalado que entre otros antecedentes de esta obra se encuentra el descubrimiento de América y la narración que sobre ello efectuó Américo Vespucio en sus célebres crónicas, que sin duda el autor inglés conoció ya que se hicieron muy populares en Europa; en especial se suele mencionar a la ausencia de dinero entre los americanos y a la comunidad de bienes que, como se sabe, se encuentran igualmente presentes en Utopía».
Del diálogo a la narración
La edición de referencia, por el V Centenario de Utopía, cuenta con una nota del editor, como se ha mencionado, una introducción por China Miéville y cierra con un texto de Ursula K. Le Guin titulado «Pensar la Utopía». La obra de Moro en sí está estructurada en dos partes: El libro primero y el libro segundo, este último se divide, a su vez, en 9 capítulos.

La primera parte es un diálogo entre Peter Giles (personaje histórico), Rafael Hythlohay (explorador ficticio) y Tomás Moro (autor), y tiene lugar en la ciudad de Amberes. Durante esta reunión, Moro cuestiona y critica la sociedad de su época. La segunda parte es una narración en la que Rafael Hythlohay cuenta cómo es la isla de Utopía y cuáles son las costumbres de sus moradores.
Dentro del segundo libro (la utopía), se desarrollan los temas principales del relato. Siendo estos: la política, la agricultura, la arquitectura, la religión, la organización del trabajo, la geografía y la urbanización.
Una utopía sin propiedad privada
En Utopía, Moro plantea la abolición de la propiedad privada, así como un reparto apropiado de las tareas para que sus habitantes puedan vivir con mayor prosperidad.
Además de estas propuestas, se enumeran, a continuación, otras características de Utopía (listadas por orden de aparición en el texto):
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La caza: consideran la caza «como cosa inmerecedora de ser practicada por hombres libres, los utopienses lo han relegado a sus matarifes, oficio al que […] dedican a sus esclavos. […], por cuanto ellos sólo matan animales por necesidad, mientras el cazador no busca más que el placer en la carnicería y matanza de los simples y atemorizados animales» (pág. 167).
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Los enfermos: «si la enfermedad es no sólo incurable sino llena de continuo sufrimiento y angustia, entonces los sacerdotes y los magistrados exhortan al hombre […] a que se decida a no consentir más esa pestilente y dolorosa enfermedad. […] Pero no obligan a nadie a morir contra su voluntad ni dejan de usar la misma diligencia y cuidado con él, aunque creen que ésta es una muerte honorable» (págs. 179–180).
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El divorcio: admiten el divorcio bajo ciertas circunstancias previo consentimiento del Consejo (pág. 183).
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La religión: «Hay diversas clases de religiones en Utopía» (pág. 205). Sin embargo, «coinciden en conjunto con los más sabios en creer que hay un dios fundamental y principal, creador y soberano a todo el mundo a quien todos comúnmente llaman Mitra en la lengua de su país; pero discrepan en que para algunos es considerado de una manera y para otros de otra» (pág. 206).
Utopía como política
Declara Antoine Hatzenberger5: «Con su obra de ficción Utopía, Tomás Moro creó un género literario que tuvo un gran alcance político hasta el siglo XVIII».
Desde esta perspectiva política, Hatzenberger analiza la obra de Moro en «Las utopías políticas: Tomás Moro, el otro lado de la crítica» dentro de la publicación El Atlas de las Utopías.
Según el autor de este artículo, Tomás Moro, al hacer referencia en su texto a La República de Platón, «introdujo la utopía en la línea de la filosofía política, haciendo de la utopía un modo específico de reflexión sobre lo posible».
En este sentido, Hatzenberger manifiesta:
Por lo tanto, cualesquiera que sean las variaciones del modelo utópico o las críticas resultantes de él, hay que decir que la visión central de la Utopía de Moro de un Estado justo basado en las buenas leyes, en el interés común y en el principio de igualitarismo constituye toda una tradición política, pasando desde Campanella a Rousseau.
Ficha técnica del libro
- Título: Utopía
- Autor: Tomás Moro
- Editorial: Ariel
- Año de edición: 2017
- Lugar de edición: Barcelona
- Traducción (Utopía): Joaquim Mallafrè Gavaldà
- Traducción (introducción y ensayos): Vicente Campos
- N.º de páginas: 304
Utopía como símbolo
Por su parte, el ya mencionado Federico González, en el ensayo Las utopías renacentistas: Esoterismo y Símbolo, recoge lo siguiente: «En una visión de tipo esotérico existen distintos planos o lecturas de una misma realidad que no se excluyen ni interfieren entre sí».
De acuerdo con lo anterior, González añade que «el hecho de que Moro hiciera una crítica exacta de los males que aquejaban a la Inglaterra de su época puede también ser visto como una descripción de las pasiones individuales, incluso las propias, que asolaban de forma más o menos oculta a todos los miembros de la sociedad» (pág. 63).
Y prosigue:
[…] igualmente la descripción de los males del mundo para rechazarlo, pero sin odiarlo en sí, a nivel de una emoción muy gruesa, y a través de esa negación efectuar el paso de lo profano a lo sagrado.
Siguiendo con este enfoque simbólico, González expone que casi todas las utopías son insulares, al igual que numerosas cosmogonías como la china, la hindú y la tolteca, donde la isla dentro de las aguas está representada por un animal mítico (pág. 67).
A este respecto, para González, la ciudad es un mandala vivo, y por lo tanto un talismán e instrumento mágico que toca a la totalidad de los pobladores que viven allí (pág. 69). Y comenta:
En la Utopía de Moro se destacan los jardines, las huertas, es un vergel que recuerda a Virgilio en sus Bucólicas y a una metrópolis paradisíaca.
Mi opinión
Se podría decir que el género literario inaugurado por Tomás Moro es un tipo de ficción muy especial. Por un lado, se evidencia la necesidad de las autoras y autores de compartir sus propuestas de un mundo mejor. En este aspecto, hay una función política, al buscarse la felicidad tanto privada como pública.
De la Gran Política, habla José Antonio Marina6 en el ensayo Historia universal de las soluciones: En busca del talento político. Y dice así en el epílogo:
¿Y qué crea la Gran Política? El campo de juego para la búsqueda de la felicidad privada. Los sistemas normativos que amplían la libertad. La moral hizo al hombre, es decir, la búsqueda de las mejores soluciones, es decir, la justicia (pág. 302).
Pero, a su vez, en estos textos que especulan sobre «no lugares», bien sean estos «islas», «planetas» o «lugares remotos», más allá del simbolismo referido por Federico González, hay cierta simbología en los elementos utópicos que presentan. Por ejemplo, tanto para Aldous Huxley, en La isla, como para Ernest Callenbach, en Ecotopía, el hecho de regular la población o permitir el consumo de drogas es un símbolo de lo utópico.
En cuanto a la ausencia de propiedad privada sugerida por Tomás Moro en Utopía, esta simbología de lo utópico se halla también en Noticias de ninguna parte de William Morris o en Los desposeídos de Ursula K. Le Guin.
En conclusión, recomiendo esta obra fundamental del género utópico para quienes tengan interés en profundizar en los orígenes de estas ficciones literarias. Además, cabe destacar, en la edición de Ariel por el V Centenario de Utopía, la introducción de China Miéville y los textos de Ursula K. Le Guin.
—Por tanto, considero que Utopía de Tomás Moro es una utopía…
… esencial
Letra Utopía
Letra Utopía es mi blog literario. Un espacio para reflexionar sobre ficción utópica y otros libros que me vienen acompañando desde que empecé mi proyecto literario. Próximamente reseñaré La ciudad del Sol de Tomasso Campanella.

Sobre este relato, dice el Diccionario de lugares utópicos: «Obra de pequeñas dimensiones, fue redactada en italiano en las celdas inquisitoriales de Nápoles en 1602, aunque no vería la luz hasta 1623; ese año fue publicada en latín en la ciudad alemana de Frankfurt.
[…] La utopía campanelliana se enmarca en un contexto de intensas disputas intelectuales, también de redefinición del panorama político con la consolidación de la Contrarreforma católica, la decadencia de la Monarquía Hispánica, el ascenso de Francia y la expansión ultramarina de distintas potencias europeas» (Manuel Alvargonzález Fernández, «Ciudad del Sol», Juan Pro (dir.), Sílex Ediciones, 2022).
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¡Nos vemos en el próximo post!
CRISTINA R. YEBRA
/Autora de utopías